Soy como soy.

Una rara en un mundo donde ser diferente es algo malo. Rara en la cocina porque en mi nevera figura el verde y el color de las frutas. Rara por no comer como la mayoría. Rara cada vez que voy de restaurante y pido que mi plato no sea decorado con aceite requemado. Rara cuando como en familia y pronuncio que no como carne roja ni embutidos ni muchas otras cosas. Rara cuando digo que como lentejas rojas, kamut, espelta, Teff, Tempeh, quinoa, trigo sarraceno, maca, espirulina, algas, semillas, aceite de coco o chía. Rara por empezar mis mañanas con un batido verde de fruta y verduras crudas… crudas??!?!?!

Rara por no beber leche de vaca ni comer queso. Rara por no darme un capricho de donuts de chocolate porque es interpretado como temor a engordar en lugar de entender que el azúcar, la droga blanca legal, es el mayor temor para mis células.  Rara por no comer trigo o evitarlo al máximo, evitar la soja y el maíz. Rara por no comer frituras ni Frankfurt ni beicon ni salamis ni longaniza.

Rara por querer alimentarme bien, rara por dar prioridad a mi salud sin importar el que dirán ni si me consideran la más rara que hayan conocido jamás.

Rara en un mundo raro, donde la rareza se determina por la cantidad de cosas que no haces igual que los demás. Rara por no seguir las normas del comercio. Rara por leer las etiquetas de los “alimentos” en las estanterías de los supermercados. Rara por sacar estevia de mi bolso cada vez que voy a un bar y me pido una infusión. Rara por no tomar Coca-cola o decir que no soy amante del alcohol pero bienvenida cuando digo que disfruto con una copa de buen vino.

Rara porque sí, porque ellos lo ven así, porque no cumplo sus expectativas o porque ser diferente y saltarse las normas está mal visto y es signo de rareza.

¿Sabes? Seguiré siendo rara porque así me encuentro mejor de salud y soy más feliz. He ido experimentando con mi cuerpo y ser rara es el mejor antídoto que he encontrado para aliviar las sintomatologías que me han acompañado durante mucho tiempo. Las malas digestiones una de ellas.

Pero amigos, poco a poco he experimentado como las personas que me rodean me consideran un poco menos rara que al principio. Ahora ellos me piden consejo y recetas con alimentos raros. Ellos los que dejan de esperar en la cola de los “normales” y se dirigen a la cola de los “raros”. Ellos los que compran alimentos raros y me envían una foto y me dicen entusiasmados que están decididos a probarlo. Ellos a los que, sin querer queriendo, los escucho frasear información que les presté en algún momento. Ellos los que cada vez tienen más luz en los ojos, piel más firme, mejor salud, energía desbordante y alegría en sus sonrisas.

Ellos los que pronuncian sin temor que mis rarezas les han servido para aprender.

Me ha gustado ser la rara por mucho tiempo y ser testigo de cómo poco a poco el  mundo que me rodea se ha transformado sólo y a su debido tiempo.

Feliz de que mis rarezas alimentarias a las que yo llamo alimentación sana y natural sirvan para mejorar la salud de muchos.

Gracias, gracias, gracias.

Mylenne