Estoy harta y cansada de estar harta y cansada de lo mismo. Sigo esperando a que las cosas cambien sin atreverme a cambiar sabiendo perfectamente y con total detalle lo que quiero. Parece absurdo y lo es, pero aunque de “peros” no vive el hombre, a veces cuesta dar un paso para uno mismo. Cuesta querernos y satisfacer nuestras necesidades. Cuesta horrores ayudarnos a nosotros mismos porque ayudar y estar a disposición de los demás es más fácil.

Vuelvo a caer y de nuevo sollozo por caer en el mismo error. Me detengo, miro al error de frente y es cuando mi mente empieza a entender y darme una lluvia de soluciones. Me doy cuenta que de nada sirve entender algo si no le procede una acción posterior que disuelva el problema por completo. Y así, van pasando los días. Caer, entender y no pasar a la acción.

Hay días en los que te levantas con un sol en la frente y otros en los que el sol parece ser que queda tras las nubes de tus dudas. Vístete y anda! Escucho en mi interior. Sal a pasear y verás tus dudas disolverse.

Andar. Que gran idea. Me pongo los cascos, mi música preferida, a veces clásica, a veces de algún cantante que refleje mi sentimiento del momento. Lo confirmo, andar es para mí, mi mejor terapia en mis días grises (como lo es escribir). Regresar a casa con la mente más despejada, los pulmones oxigenados, la sangre circulando a buen ritmo y el corazón alegre por haberle dado marcha musical. Cuando no me apetece, me obligo y ¿sabes? Sin duda, es la mejor obligación que me autoimpongo. El regalo emocional que recibo tras el paseo, no lo cambio por nada.

Suelo aconsejar a todo el mundo la terapia que para mí, ha sido y sigue siendo mi mayor vía de escape. El momento en el que yo Soy, siendo 1 en mi universo más personal. Mi espacio. Mi tiempo. Mi momento a solas conmigo misma.

Es de humanos errar, caer y luego levantarse. Caer con la misma piedra y de nuevo volver a tropezar con ella hasta que visualizas el fondo del pozo y entonces, sólo entonces, tu ego decide ponerse en pie y gritarte ¡basta!

Tu mente se sacude tras el impacto y el miedo es vencido por toda tu fuerza porque ya se acabó de tanta tontería. Es así de sencillo: hasta que no tocas fondo no decides cambiar por completo aquel error y darle solución. El ejemplo más fácil es el que conocemos todos: hace falta que el cuerpo te dé un susto para que empieces a actuar adecuadamente. Te hace falta una contractura en el pie para detener tu frenético ritmo de vida y darte la señal de que tu vida requiere un Stop! O una afonía grave para hacerte entender que no es apto gritarle al mundo si no hay cambio interno.

Me lanzo a suponer, aunque suponer sea poco sabio, que a ti te pasa lo mismo en algún plano de tu vida.

¿Porque no somos capaces de darle solución a nuestros errores en el momento adecuado? Por pereza. Por miedo. Por duda. Por culpa

¿Porque no somos capaces de auto obligarnos a hacer ciertas cosas si son para nuestro bien? Por pereza. Por miedo. Por duda. Por culpa.

¿Sabes lo mejor de todo ello? Que ni la pereza, ni el miedo, ni la duda, ni la culpa existen en realidad. Tan solo los haces existir tú dentro de tu cabeza. Disuélvelo!

¿Recuerdas cómo te sentiste cuando dijiste “basta” y empezaste a cambiar ciertos aspectos de tu vida? Aseguro que lo recuerdas como el mejor de tus logros y una de las mejores etapas de tu vida.

A mí me ha pasado varias veces. De pequeña era una niña muy exigente conmigo misma. Ello me ofrecía buenos resultados en la obtención de lo que quería, pero a la vez alguna que otra decepción indebida. Poco a poco fui venciendo la exigencia y cambiándolo por el “querer hacer con pasión pero sin exigencia”. Entender que seas o no seas exigente las cosas van a salir como tengan que salir.

Hoy soy una mujer que aunque con secuelas de exigencia, soy de las que escribo en un papel lo que quiero, lo pido al Universo y confío plenamente en que todo va a salir como deseo. Eso sí, proyecto, ideo, trabajo, estudio, conozco, me observo y cosa muy importante siempre, SIN EXPECTATIVAS. Pedir sin exigir, pedir sin detallar al máximo, pedir sabiendo que aquello que pido se me va a presentar en la forma que más me favorezca y cuando se presente, cogerlo es imprescindible.

Tras tantas palabras hablándote un poco de todo, lo puedo resumir así: si siempre caes en los mismos errores, el día que amanezca gris en tu cabeza y sentimientos, sal y anda! Respira aire fresco, rodéate de música que todo lo cura, adéntrate en tu espacio más personal, dale vueltas buscando una salida y cuando llegues a casa, cuelga la chaqueta y con ella el “error”.

Abre tu libreta y escribe sólo lo que deseas evocando toda la emoción que te sugiera el momento y la petición. Siempre en positivo. Guarda el papel y suélta el error. Olvídalo. La resolución está de camino. Sé libre y sigue disfrutando de la vida.

Quizás pueda ayudarte con mis palabras, pero reconoce que la acción son los pasos más importantes para que todo se cumpla.

Sé feliz

Gracias. Gracias. Gracias.