¿Cuantas veces has escuchado que tenemos que desaprender para volver a aprender de nuevo? Quizás muchas o quizás sea la primera.

Es sorprendente frenar y darte cuenta de cuantas cosas haces de una manera concreta porque así te enseñaron y dijeron que debías hacerla o simplemente porque tú la convertiste en rutina aunque no te generen demasiada satisfacción en tu “ahora” pero las sigues haciendo porque sí. Esos deberías que de pequeño no te gustaban nada pero debías aceptar para ganar tu premio diario o esos deberías autoimpuestos que en un momento de tu vida tenían significado para ti, pero ahora carecen por completo de él.

Llegamos a adultos y nos convertimos en un saco de huesos unido a un saco de deberías sin sentido. Somos una forma de pensar basada en creencias que ya no tienen nada que ver con tu ahora pero sigues sosteniéndolas. Muchas de ellas no las entendemos y tampoco nos damos la opción de enterrarlas y olvidarlas definitivamente por miedo o costumbre. Sal de esa caja de creencias falsas y limitantes que no te dejan avanzar, crecer ni ser tú mismo.

Desaprende y suelta todo aquello que no te sirve hoy. Desestructura tus “problemas” y míralos a la cara tal cual son y no sientas la necesidad de darles 100 vueltas, darte 1000 explicaciones ni inventarte 10.000 excusas.

Desaprende que 2+2 son 4 porque la vida es movimiento y pocas veces se da esa exactitud. Desaprende que no todo son obligaciones y aprende a entender que hay muchas cosas que hacer sólo si quieres hacerlas. Desaprende que los hombres no lloran y las mujeres son el sexo débil y aprende que los hombres también son sentimiento y las mujeres  luchadoras y fuertes como robles. Desaprende que debes ser 100%  eficaz en todo, porque es absurdo y ello traerá consecuencias de desvaloración personal si no lo consigues. Somos humanos y tenemos todo el derecho a herrar. Desaprende que tienes que estar disponible siempre para todo y todos y aprende que puedes desaparecer un día entero y el mundo no se acabará.

Aprender a desaprender todo lo aprendido es un trayecto complejo que te invito a probar.

Desaprende que en esta vida lo más importante no es dinero, éxito, matrimonio, hijos, hipoteca, casa, coche, trabajo estable, estrés, planificación…

Aprender y aceptar que la vida es cambio e incertidumbre te abre puertas allí donde pises. Estar donde quieres estar y hacer lo que quieres hacer en cada momento porque tu propio sentimiento te lo indica y le has hecho caso, es lo más maravilloso de esta vida.

Soy de las que pienso que estamos en un mundo en el que “mirar hacia fuera” es más útil que el “mirar hacia dentro” para así poder ser aceptados según la demanda actual. Amigos, es necesario indagar un poco más dentro de cada uno de nosotros. Escucharnos, preguntarnos, perdonarnos y aceptarnos.

Si hiciéramos caso de nuestros impulsos, primeras impresiones, corazonadas, respuestas físicas emocionales, etc… creo que quizás todo iría mucho mejor. Habría más genuidad y menos teatro.

Desaprende que debes ser una persona perfecta. Desaprende que tienes que “hacer” todo lo que la sociedad establece como “normas. Desaprende que debes conseguir todo lo que los demás consiguen para convertirte en persona de beneficio. Desaprende que debes vestir con esa nueva moda que odias, sólo para ser “guay, chic e interesante”. Desaprende que para ser feliz hay que ganar mucho dinero. Desaprende que no puedes fallar, ¿sabes? permítete caer tantas veces como te sean necesarias porque cada caída y error es tu nuevo aprendizaje y si vuelves a chocar con la misma piedra te vuelves a levantar y sigues andando. Desaprende que debes comer en el horario establecido (márcate el horario que tu cuerpo te pida). Desaprende que no puedes decir no, porque sí puedes y debes por respeto a ti mismo. Desaprende más del 50% de los deberías y creencias erróneas que tienes establecidas porque un día te dijeron que esas eran las normas de la vida.

Empieza a hacer lo que quieres en cada momento. Jamás te intereses por el que dirán. Haz y deshaz en tu propio mundo porque eres tú el diseñador de cada instante de tu vida. Apaga el móvil y ¡desaparece un día entero! ¿Qué puede pasarte? Quizás que te encuentres contigo mism@ y empieces a valorar tus instantes en soledad y puedas indagar poco a poco en tu propio conocimiento y así desmontar tu castillo de “deberías” y “falsas creencias” y construir una casita de ilusiones, bienestar y disfrute de tu propia vida con tus normas y a tu manera.

Cierra los ojos y recuerda cuando eras un niño. Todo fluía a tu compás. Tu mundo lo creabas tú a cada instante. Sabías lo que querías porque entendías lo que sentías. Llorabas cuando estabas triste y reías gran parte del día. Exponías tus decisiones según tu conveniencia, ganas y motivación hasta que un adulto te paraba los pies. ¿Qué hubiera pasado si ningún adulto cortara las alas fundadas de ilusiones de los más pequeños? Bufff… lo imagino todo demasiado diferente. Se me eriza la piel si empiezo a imaginarlo.

Tú marcas tus normas. Aprende a mirar hacia el lado opuesto al que siempre te diriges. No creas todo lo que te digan, cree todo lo que sólo tú experimentas.  

Observa el mundo en el que giras y observa cómo te sientes. ¿Qué emociones tienes? Si son positivas, ¡Felicidades! Si mayormente son negativas, sin duda, acepta que todas ellas proceden del miedo. Ves hacia tus miedos, descubre el problema y te darás cuenta que el problema jamás existió. Todo era un reflejo de tu manera de pensar por creencias erróneamente impuestas o autoimpuestas por tu curso de vida. No te pre-ocupes, ocúpate de reconocer que hay tras ellas. Entiende(-te) y perdona(-te).

Ahora abre tus ojos, sonríe y… Bienvenido a TU PROPIO MUNDO. A TU PROPIO YO GENUINO DIRIGIDO SÓLO POR TUS SENTIMIENTOS Y EMOCIONES. QUE GRANDEZA, QUE TRANQUILIDAD. NADIE LO SABRÁ HACER MEJOR QUE TÚ.

¡FELIZ TRAYECTO, AMIGO!

Estamos juntos en este camino.

SÉ FELIZ.

Gracias, gracias, gracias.

 

 

 

 

Foto: Jagdish Agarwal