Imagina. Suena tu melodía favorita de fondo y todo empieza a rodar. Un año que termina y otro nuevo que empieza tras 1 segundo de diferencia. Ese segundo da el punto y final al 2015 y da inicio a un 2016 fantásticamente maravilloso. Una puerta se cierra y abre otra llena de esperanza en todos los sentidos. Pides tus 12 deseos, te abrazas con los que te rodean y te sientas por un momento. Cierras tus preciosos ojos y te reafirmas que este año va a ser tu año. De repente te sorprendes imaginando y sonriendo tras este imaginar instantáneo.

Que bonito y precioso, ¿verdad? Me sorprendo de nuevo cayendo en el mismo error de siempre. Volvemos a lo mismo. Cerramos un nuevo año y no desiste la esperanza de desear en alto, claro, por escrito o a gritos que este será sin duda un año distinto sin más. Simplemente porque es costumbre pedirlo. Pedir, pedir, pedir e imaginar, imaginar, imaginar.

Rebobina por un momento y vuelve la vista atrás. ¿Has hecho que realmente este 2015 valiera la pena? O por el contrario volverás a pedirle a Dios, Alá, Teresa de Calcuta o al Santo de los inocentes que te de lo que deseas como si de un regalito de reyes fuera.

Dime ¿Dónde está el hada madrina que nos concederá los deseos que pedimos tan ansiosos y eufóricos con las 12 uvas?, ¿Y si olvido ponerme ropa interior roja que va a pasar?, ¿Y si no tiro un anillo dentro de la copa de cava tendré mala suerte en el amor? O peor aún… los que tiran el calendario por la ventana como si todo se reciclase en ese segundo de diferencia que hay del 2015 al 2016.

Todo este desear consciente sólo se va traducir en realidad ineludible si: los deseos te los pides a ti mismo y si tienes una pasión ciega por tu persona y tus capacidades de lograr todo lo que de verdad te propongas siempre y cuando la ilusión nazca desde el corazón y luches con constancia.

Soy de las que insisto en decirme que no hay nada difícil o fácil en esta vida. En estos casos sólo hay que cambiarse las gafas y ver el mundo desde otro prisma. Caemos y nos volvemos a levantar pero anda con ojo y empieza a andar hacia otro lado porque caíste una vez y ello ya es una señal que te indica por donde no debes seguir. Si desistes no dudes en recrearte un rato en el suelo, en ocasiones ver la vida desde el suelo nos ayuda a levantarnos con fuerzas reforzadas. Llora todo lo que debas llorar y no te fíes del que te diga: “No estés triste” “no llores”, “eso es una tontería”… fíate del que te da la mano y te invita a compartir esas lágrimas hasta quedar seco por dentro para poder enderezarte de nuevo tras ese paréntesis necesario.

A veces me vuelvo rebelde. De repente mi parte genuina resurge de nuevo. Como tú y como otros muchos que damos rienda suelta a esta faceta sin miedos ni tapujos. Enfadarse con el mundo no está mal de vez en cuando. Lo importante es saber que reconciliarte de nuevo con él no debe excederse demasiado en el tiempo,  al fin y al cabo vivo en este mundo y soy yo y mis circunstancias.

Esta época del año internet está rebosante de antídotos, métodos y palabras bonitas, ñoñas y a veces sin sentido de cómo deben ser nuestras vidas o qué debo hacer para mejorarla e iniciar un año esplendoroso de nuevos propósitos. Mi rebeldía resurge cuando mi corazón habla a gritos dándome señales de que mi vida es como es porque yo soy como soy. Me pide que no cambie, que sea mi versión original sin ser modificada para no convertirme en otra más igual que el resto. Las chicas de manual ya salen en las revistas.

Ayer me vino a la cabeza la siguiente pregunta. ¿Quién sería yo, hoy, si no hubieran modificado mi personalidad desde pequeña? ¿Cómo sería si no me hubieran dicho tantas veces “esto no se hace así” o “aquello no puedes hacerlo”? sin duda, sería completamente diferente. Mi parte rebelde se opuso a veces, pero no las suficientes. Me entristece el saber que en realidad jamás podré saberlo.

Parece ser que la sociedad marca las normas de cómo debemos actuar para ser bienvenidos al mundo. Que para ser aceptados debes hacer tal o cual cosa y no lo que realmente te apetezca hacer, ser o actuar en cada momento.

Ojalá de niños, en la escuela, en casa y en el mundo entero nadie nos impidiera nada. Estoy segura que si siguiéramos la norma de actuar con el corazón y hacer lo que realmente te marca el alma en cada momento, este sería un mundo más humano, más cordial, más amoroso, más y más de todo lo bueno que poco abunda a consecuencia de tanta modificación. Personas transgénicas, sí señores. Un poco de aquí, un poco de allí pero jamás tu yo pleno en puro esplendor y sin modificación alguna.

Hoy, queda tan solo 1 día para empezar un nuevo año.

Ahora sí. Feliz año familia. Os invito a cerrar el 2015, bajar la persiana y dejar almacenadas en la retina todos los buenos momentos pasados y olvidar por completo los malos.

Deseo aprender de una vez que ni malo ni bueno existe. Sólo hay oportunidades que nos hacen crecer y otras aprender. Que solo o acompañado sigues teniéndote a ti mismo hasta tu último día. Que tu nuevo año sea fantástico, maravilloso, inolvidable o caótico y desastroso sólo va a depender de ti verlo de una manera u otra. Que puedes desenmascararte en el momento que decidas empezar a ser tu YO más auténtico. Entender, aceptar y respetar que cada uno es un mundo y en cada mundo se cuecen recetas distintas. Que desear no es lo mismo que aceptar. Que decir “NO” es un arma de valor en defensa a tu persona. Que tú puedes y vales mucho más de las 20 veces que te lo han dicho en esta vida, porque si hiciste algo fue porque algo en tu interior te dijo “puedes y vales” aunque otros muchos desde fuera te sacaran la ilusión llamándote iluso o poco consciente. Que aprecies los pequeños detalles porque al final son las más grandes demostraciones.

Ah! no quiero olvidarme de lo más importante… pronuncia tantos “te quiero” como personas se lo merezcan en tu vida. Lo que no se pronuncia, no se sabe y suponer es un error. Agradece a la persona que te roba minutos de tu día para hacerte sonreír.

Sé feliz y no te olvides de sonreír