Me gusta viajar, escapar y evadirme de la rutina por unos días. Calmar la mente, respirar nuevos aires, hacer cosas diferentes, descansar o cansarme más de lo debido pero… sarna con gusto no pica, ¿verdad?

También no voy a negar que me gusta deleitarme con los platos típicos de cada localidad a la que voy. Soy de las que antes de llegar a destino, busco y rebusco la gastronomía que voy a encontrarme y empiezo a salivar con cada foto veo.

Una de las cosas que más gusta a gran parte de los que viajamos es una rica comida. Probar platos típicos o simplemente el simple hecho de comer fuera, al menos a mí, me saca una sonrisa por descanso de fogones.

Este es un artículo para todos aquellos que desean conocer los tips del buen comedor de restaurante para que ni la salud ni el peso se resientan ni produzcan cambios al alza. Si eres de estos, sigue leyendo.

Lo primero que hago al llegar a un restaurante es mirar la carta o, si existe la posibilidad, leer detalladamente el menú del día.

Ir de menú es una opción muy favorable si sabes escoger bien, sino, puede llegar a ser un buen atentado contra la salud y completamente inconveniente para muchos estómagos.

Te sientan en la mesa y lo primero que haces tras mirar las opciones del menú o carta es mirar los platos de las mesas de alrededor a la tuya para saber cómo son. Tus papilas empiezan a salivar y la sonrisilla empieza a dibujarse al pensar lo bien que vas a comer. La comida entra por los ojos, esto lo sabes por experiencia propia y no hace falta que me refiera a ningún artículo de ciencia que lo aclare.

Es momento de pedir: Unos canelones, un estofado de buey con patatas, unas natillas, ½ botella de vino, gaseosa y un café. Stop!!! Acuérdate que luego tendrás que levantarte de la silla y la faena va a ser tuya para moverte.

Llegados aquí, te muestro los pasos que yo misma hago a la hora de escoger opciones tanto sean de menú como de carta en un restaurante:

          Huye de los restaurantes donde prime la cantidad ante la calidad del producto ofrecido. Los hay que con el 1er plato del menú ya comen 4 personas y los hay que conocen exactamente qué significa una ración. Interésate siempre por la calidad del producto. Ofrecer cantidades exageradas de comida a precios muy reducidos ya te da una idea de la calidad de estos. Sé precavido la siguiente vez y te darás las gracias.

          Piensa qué comiste o cenaste ayer para hacer una buena elección y así llevar una dieta variada aun comiendo fuera de casa.

          Muchas personas son de la convicción de que en un restaurante piden siempre platos que no comen en su casa. Esta opción es fantástica y una forma inteligente de comer y probar nuevos platos locales. En muchos casos estos platos son los más densos. Mi recomendación es pedir un primer plato ligero a base de ensalada verde o verduras plancha y un segundo más denso. Las ensaladas son aperitivas, es decir, que van a proveerte de una buena digestión y aligerar un poco la comida que vas a llevar a tu estómago.

          No pidas platos ricos en grasas y colesterol. Típicas parrilladas de chorizo, chistorra, butifarra, costillas, panceta….etc. Aunque esto no lo suelas comer en casa, ¿crees que es necesario para tu cuerpo, hoy? Ni hoy, ni mañana ni ayer… seguro que te lo advirtió tu estómago la última vez que te atreviste a ello.

          En toda comida o cena debe estar presente una ración de verduras o ensaladas. Siempre y cada día. ¿Porque? Porque las verduras y hortalizas son la base de toda alimentación saludable y equilibrada. Tenlo siempre en cuenta.

          Cuando vayas a pedir un plato siempre pregunta cómo está cocinado el alimento, en caso de que tengas dudas, y en que consiste el acompañamiento. Las famosas patatas fritas congeladas y fritas en aceites requemados (la gran mayoría) cámbialas por una buena ensalada, patata al caliu, escalibada o verduritas a la plancha. Seguro que te van a ofrecer una buena alternativa. El kit de la cuestión es: preguntar para saber y salir ganando!

          Ojo con los rebozados, las salsas y las salsitas. Muchas veces cuando el producto no es fresco la solución es rebozarlo o bañarlo en salsa. En muchos restaurantes los platos con salsas están hechos con anterioridad y muchas veces las salsas esconden sorpresas. Además puede que tu digestión se resienta porque la mayoría de ellas son bastante potentes en grasas, sales y potenciadores del sabor.

          Escoge carnes y pescados a la plancha, vapor, brasa, wok u horno. Es la mejor forma de saborear la realidad del producto que te están ofreciendo y además te aventajas de que vas a comer un alimento es fresco.

          Si eres de beber vino pídete uno de calidad y saborea cada sorbo. Muchos restaurantes ofrecen vinos de calidad media en sus menús y de promedio soportable pero muchos otros basan sus vinos en puro alcohol que si no los mezclas con gaseosa es imposible beberlos. Este es un gran error, ya que estarás saturando tu barriga de gas y perjudicando a tu hígado excelentemente. También ten en cuenta la cantidad, eso por supuesto.

          Acuérdate que en todo menú el agua va incluida. ¿Qué te parece intercalar un vaso de agua entre copa y copa de vino? Así hidratas a tu cuerpecillo y tu hígado te dará las gracias.

          Si no puedes terminarte el plato, no es necesario que lo termines. Nadie te obliga a ello. Actualmente es muy común pedir que te lo guarden en un tupper para llevar. Es una opción muy inteligente, ¿no crees?

          No te atiborres pensando que ya luego no vas a cenar. Este es un grave error. Come bien pero sin excedente y luego márcate una rica, sana y equilibrada cena. Los extremos del “todo o nada” no llevan a ninguna parte con final feliz. El día que no cenas estás anticipando una ansiedad para el día siguiente. Lo mismo ocurre con el “no desayunar”, pues estás anticipando un empacho en la comida que puede ser descomunal por hambre real desmesurada.

          Postres: Yo no soy de postres pero conozco ese pequeño huequecito que me queda sólo cuando como de menú y sólo porque está incluido. El mejor postre que puedes comer es: ninguno!

Ok, ya sé que no querías leer esto, entonces te diré que la mejor opción es un yogur natural sin azúcar, una cuajada o un mató fresco y casero. El resto de postres ni los pronuncio ni los recomiendo. Si quieres darte un caprichín pues te lo das pero luego no te arrepientas. Si lo comes, lo comes sin remordimientos, sino te pasas a la infusión o café directamente. Recuerda: El postre no es necesario ni tampoco obligatorio. Esta frase grávatela como un mantra en tu mente 😛

 

Sé feliz y come perdices!!!

 

 

 

 

 

 

 

Foto: pinterest