ALGO SOBRE EDUCACIÓN ALIMENTARIA Y HÁBITOS SALUDABLES DE LOS PEQUES

La educación que demos a nuestros más pequeños reflejará el futuro próximo que está por llegar.

¿Hablemos de su salud?

Padres y madres, tíos y tías, abuelos y abuelas, primos y primas, hermanos y hermanas y toda persona que interfiera en los hábitos alimenticios de los más peques, debéis tener presente que tenéis un papel fundamental y aseguro que lo sabeis.

Los niños aprenden según lo que ven. Con ello puedo plasmar el ejemplo más claro de: una madre que obliga a su hijo a comer verdura mientras ella cruje patatas fritas entre sus dientes.

¿Resultado? Negativo.

Los padres son el ejemplo más importante y claro para los hijos. Si quieres enseñarles a comer equilibrado, sano y saludable primero debes practicarlo tú. Todos los niños pueden ser fan incondicionales de todas las verduras existente en la huerta, pero también es importante saber cómo cocinarlas según sus gustos y nunca obligarlo a nada.

Una vez leí un fragmento de Gandhi que me pareció maravilloso y a la vez un claro ejemplo que decía que una madre y su hijo acudieron a verle. La madre le pidió insistentemente a Gandhi que fuese él quien le dijera a su hijo que “no comiera azúcar”. Gandhi sólo pudo pronunciar: “la semana que viene vuelvan y se lo diré”. A lo que la madre quedó un poco perpleja y sin entender nada volvió a reprocharle lo mismo. Gandhi respondió la misma frase. Madre e hijo se fueron y volvieron a visitarle la semana siguiente. La madre le hizo la misma pregunta y Gandhi cambió su respuesta.

“Hijo, no deberías comer tanto azúcar porque es malo para tu salud”

La madre le preguntó que por qué no se lo había dicho la semana pasada y Gandhi respondió muy tranquilamente: “porque hasta la semana pasada yo consumía azúcar”

Aprovecho para escribir este artículo ahora que empiezo a colaborar con una escuela rural para confeccionar los menús anuales para niños de diversas edades. Me he dado cuenta de muchas cosas, no de la escuela en sí sino fruto del indagar para conocer un poco los menús de otras escuelas e incluso hablar con maestras al respecto de este tema.

Mi objetivo, como dietista de la rama natural que soy, es que coman lo más sano y natural posible pero a veces son las propias escuelas las que te cierran las puertas a tales cambios. No hablo de ninguna en concreto, y cierto es que muchas ya se han puesto las pilas hace unos añitos y están mejorando muchísimo la calidad de sus menús.

Mientras yo digo ¡basta! al pescado rebozado y frito, a las patatas fritas congeladas, a la salsa de tomate Solís, a las ensaladas de lechuga Iceberg y tomate sin sabor o la clásica bollería y postres azucarados. Algunas escuelas te contestan un “esa comida es la que les gusta comer a ellos con placer”.

Vaya… mi gozo en un pozo. Un niño comerá con placer cualquier guarrada que le des y a más azucarada y artificial mejor, pero ahí radica el papel de los adultos. Enseñarles a comer sano para crecer y tener una salud de hierro por muchos años no es cosa de 1 día e incumbe a todos los adultos si queremos un futuro sin la mitad de enfermedades presentes hoy en día.

Querer cambiar estructuras que han estado siempre y que han llevado a que seamos uno de los países con más tasa de obesidad infantil, diabetes, intolerancias y alergias alimentarias, etc no es nada fácil mientras no abran las puertas al cambio. ¿Sabes? Allí, en las escuelas, es donde el niño también aprende a comer.

Si cierro los ojos y dejo que mis recuerdos me invadan, no tardo muchos segundos en acordarme de la pastosa tortilla de patatas que sabía a insípida y de todo menos a huevo y patatas, a la sopa de pollo con fideos que más que sopa era agua oscurecida con fideos pasados, a las anillas de calamar que todavía hoy ando buscando el calamar que tenía que estar dentro, a las empanadillas fritas y asquerosamente industriales que me hacían poner azul de tanta angustia y los riquísimos y saturadísimos postres de bollería de chocolate, galletas y natillas que podía repetir tantas veces quisiera. Recuerdo un día comerme 6 bollos de chocolate porque había sorteado mi primer y segundo plato que me disgustaban por completo.

Mi madre era una cocinillas de primera y jamás faltaba una buena cena rica, sana y saludable para compensar la comida de la escuela. Yo y mi hermana comíamos de todo y todos los grupos de alimentos nos gustaban. Siempre cenábamos todos lo mismo (aquí radica la importancia) y a la misma hora todos juntos. Gracias a estos hábitos hoy soy como soy, tengo  la salud que tengo y siento la alimentación de esta manera.

Sé que tu hijo es tu más preciado tesoro y le intentas alimentar de la mejor manera que puedes y sabes. Te doy unos simples consejitos para hacerlo todavía mejor, aparte de abaratar tu lista de la compra:

  • Más fruta, verdura y hortalizas.
  • Más legumbres y cereales (elimina el trigo 😉 )
  • Más proteína de calidad y usando buenas técnicas de cocinado: carne, pescado y huevo.
  • Fritos y rebozados, azúcares, patatas fritas, caramelos y marranadas varias: muy ocasionalmente.
  • Leche ecológica.
  • Desayunos y meriendas con bocadillos saludables, cereales sin azúcar, batidos de frutas frescas o piezas enteras.
  • Zumos naturales y no artificiales ni envasados.
  • Menos fiambres y embutidos industriales.
  • Más agua y menos refrescos.
  • Más natural y menos artificial.
  • Más dedicación en la cocina y menos comida rápida.
  • Más coherencia y menos prisas.

Al fin y al cabo los niños, niños son. Tienen toda la vida por delante para seguir aprendiendo pero la salud de la persona se construye día a día desde que nace y tú tienes las riendas de su salud durante muchos años.

Nadie es culpable de nada pero somos responsables de todo.

Gracias, gracias, gracias

Mylenne

 

 

 

 

 

Foto: junta de andalucía