DÍA MUNDIAL DEL CÁNCER. REFLEXIONES PERSONALES DE MEDIA VIDA ACOMPAÑÁNDOLO.

Hoy, 4 de Febrero se celebra el Día Mundial contra el Cáncer.

Qué os puedo explicar que vuestro interior no os haya dicho nunca. Que sí, que hay que ganar la guerra a esta mierda de enfermedad, que hay que luchar, que hay que apoyar con amor real a las personas que están inmersas en él, que hay que alimentarse sano y hacer ejercicio para no sumar puntos y llegarlo a padecer, que debemos, que tenemos, que necesitamos … hay tantas y tantas cosas que nos dicen que podemos hacer que al final, en un acto de rebeldía, nuestro ego da un vuelco a nuestros pensamientos y nos incita a hacer todo lo contrario, porque vivir sólo vivimos 1 vida y hay que aprovecharla haciendo el loco, que no somos gatos con suerte de malgastar 6 vidas y vivir la séptima a pleno pulmón. Si me paro a pensar, podemos dejar este mundo mañana, así sin más y aunque a veces los impulsos nos inducen a malas decisiones, muchas otras son el mejor impulso que nos podemos regalar.

Hablar de cáncer es como hablar de cualquier otra enfermedad que merme a la persona. Sólo, según las experiencias que hayas tenido, será hablar en clave triste o en clave entusiasta, y no olvides que tus experiencias marcan tus creencias y estas se pueden cambiar.

Bien sabemos que hasta que la vida no te da un susto, no escarmentamos. Y entonces me pregunto ¿por qué? ¿Porque es necesario escarmentar para cambiar? la vida nos da muchos palos pero sólo hay uno que nos decide a cambiar completamente de la noche a la mañana. El día que te dicen que de aquí no pasas, que puede, que quizás, que a lo mejor tu esperanza de vida no va más allá de los 3 meses. ¿Y ahora qué? entonces resulta que es cuando la persona, en su Yo más sincero, se crece y dice “a la mierda todo y a vivir como quiero hasta que el calendario diga fin”.

Parece incomprensible, pero la raza humana es así. Tal recibes, tal haces y si aprendes a escuchar las lecciones de la vida, estás destinado a ser feliz y si no tu destino está claramente vetado de alegrías y sumido en sufrimiento.

Son etapas, son días duros que pasaremos todos, en un momento u otro en carne propia o en carne de familiares. Valorar que la vida es mucho más bonita de la que nos pintan en la realidad es cuestión de mirarla desde otro prisma y calidad de pensamientos y creencias. La vida es algo así como una película hecha a tu medida, una de aquellas en que 2 se enamoran y acaban construyendo un mundo más que mágico, irrealmente perfecto en que las ilusiones se contagian, se ríe de alegría y se llora de felicidad permitiendo que todos los días sean una primavera con olor a más y más de todo aquello que nos gusta. ¿A qué huelen los días felices? Pues a eso, a felicidad efímera con deseo de ser fotografiada para revivirla segundos más tarde. Dicen que la felicidad reside en saber vivir los momentos, el ahora, lo único que tienes. Pero parece ser que nos es demasiado difícil entenderlo cuando la solución está en dejar de pensar y empezar a saborear los minutos que al fin y al cabo redactan tu historia.

Sí, en serio! Lo creo! Pero el afán de destrucción, de hacérnoslo difícil, de tener vista de tubo, aquella que no nos deja mirar con zoom lateral, de permitir que el miedo se instale hasta penetrar nuestros huesos y dejarnos estancos y el no decidirnos abrirnos al mundo y a los demás como deberíamos… todo ello hace que esta vida sea lo que no deberíamos permitir que fuera.

Somos dados a estar tristes, como cuando escuchas una y otra vez la misma canción melancólica que parece estar escrita a tu medida. Lloras y lloras mientras sigues dándole al play constantemente para permanecer en ese trance triste que tanto nos gusta regocijarnos a veces. Sólo a días, pero esos días tan sumamente necesarios para todos, esos días en los que el mundo se convierte en un ovillo de hilos imposibles de deshacer. ¡No huyas! Plántale cara al miedo, conversa con él, consigue entenderlo y ¿sabes? Desaparecerá. Cuando algo se entiende y es integrado conscientemente, el miedo se torna oportunidad de crecimiento y te devuelve ese suspiro de “ya pasó todo. Todo vuelve a estar bien”.

Hace ya 12 años y medio que el cáncer se llevó a la persona que me dio la vida. Esta vida que a menudo no sé aprovechar. La vida que me fue regalada por la persona que hoy no está. Mi madre. ¡Vamos! quien no ha dicho, alguna vez en su historia, que su madre es la Mejor Mujer del Mundo Mundial donde las haya. Pues sí señores, Ella lo era.

Pero ¡alto! Sé de personas que no han encontrado nunca la oportunidad de decirlo ni pensarlo. No pasa nada. Pero si te pregunto que ella fue la Mejor Mujer del Mundo Mundial por traerte a la vida? Sólo eso ya fue un regalo con la suficiente importancia para darte un halo de felicidad. A veces, hijos y madres no comparten valores, opiniones ni maneras de hacer y aprendes que la vida no te da otra opción que elegir entre la distancia o la baja autoestima por autodestrucción ante personas tóxicas. Decisiones que se tornan innegociables. Y a veces ocurre, que son necesarios los hijos que aporten lecciones de aprendizaje a ciertas madres. Cada persona es diferente, y al igual que no congeniamos con todas las personas de este mundo, tampoco hace falta que congeniemos con la persona que decidió un día traernos a la luz de la vida. ¡Eso sí! Perdonarla interiormente para seguir sin recelo ni culpa nuestro camino, creo que es un ejercicio necesario para todos los que os encontráis en esta situación.

Ella fue y sigue siendo mi gran heroína. Luchadora, tenaz, constante en sus luchas, fuerte, alegre y triste, con ganas de superación, con prisas por la vida. Le hizo frente al cáncer durante 10 años y ahí estaba ella como capitán en su barco con 1 solo objetivo al que llamaba su único sueño: “No me iré de aquí hasta que mis hijas tengan bien diseñadas las alas para volar. Ese día fue cuando nos vio graduadas y sabía que a partir de entonces, nuestra vida era sólo nuestra y ser o no ser corría por nuestra cuenta”. A la semana fue Ella quien dejaba, a sus 47 años, el mundo terrenal y volaba al país mágico que había diseñado para que nuestros miedos fueran menos miedos y pintar de color ese lienzo negro que nos venía encima.

Desde que ella voló, confieso que no hay día que no venga a mi memoria, así como tampoco consigo sacar de mi camino esas subidas y bajadas que mis ánimos me regalan sin yo quererlo. Hoy es uno de esos días que… ya sabes… para que contarte.

No quiero despistarme, hablábamos del Día Mundial del Cáncer. No sé qué contaros que ya no sepáis. Quizás dejar por escrito para recordarme y recordaros una vez más que la vida se llama vida porque hay que vivirla. Eso sí, vivirla a tu manera, sin escuchar mucho a la sociedad. Parece ser que hay muchos patrones que no concuerdan con muchos de nosotros y sólo porque estén marcados no tenemos por qué seguirlos ni tan sólo pensar que no vamos por buen camino o que somos tan diferentes al resto que un día nos levantamos con la autoestima bajando en tobogán, en picado y directa al suelo sin amortiguación que la pare,  haciéndonos entrar en pánico, ansiedad y tristeza descontrolada.

No amigos, cada uno es un mundo y cada mundo debe vivirse a su manera. Gracias a la diversidad de mundos personales somos capaces de encajar en la vida de otros y lo más importante: aprender de los demás y que los demás aprendan de nosotros.

Eso de cerrarnos en nuestro mundo ante situaciones difíciles, y yo misma me incluyo ¡no vale para nada! Somos animales sociales y necesitamos del cariño de los demás para poder avanzar. Te lo digo por experiencia, no te auto engañes. Soy de las que tras su muerte, me encerré en un mundo donde la única protagonista era yo misma, y mis únicos miedos, experiencias y compañía, seguían llevando mi nombre. Un día decidí abrir las ventanas y hacer una jornada de puertas abiertas y lo que pasó fue maravilloso. Entonces fue cuando entendí que sin el amor y compañía de los demás poco podemos crecer, entender, ni tan solo mejorar. No hay mejor regalo que una palabra de alguien que te quiere en el momento oportuno, ni hay nada más gratificante que un abrazo y un beso cuando menos lo deseas aunque para ser francos, siempre lo deseas pero a menudo nos lo prohibimos pensando que no es el momento. Aseguro que esos abrazos que te negaste hubieran hecho tu camino más bonito.

Espero que el día de hoy sea un día menos duro para muchos y más esperanzador para muchos otros.

Yo siempre digo y mendigo que sólo hay 2 formas de mirar la vida y creo que no me equivoco. Estas 2 miradas son: desde el lado difícil o desde el lado fácil. Según decidas ponerte en un lado u otro, así será tu vida.

Es de humanos tener días mejores y otros peores, no obstante piensa y cree que todo es relativo según los ojos que lo miren.

Tanto si padeces la enfermedad, si la padeciste y tienes miedo a que se vuelva a instalar en tu vida, si estás sano como una rosa pero los miedos por padecerla no te dejan avanzar, te recomiendo que decidas hacer un stop tan largo como desees, de esos que formarían una larga cola en la carretera, pero ¡que narices! ¡que se esperen! Ahora me toca a mí dejar de pensar y empezar a vivir. Dicen que es más feliz el que no sabe y sinceramente pienso que tienen toda la razón.  Cuando somos niños apenas sabemos nada y nuestra felicidad es realmente plena y sincera.

Vive, sueña, haz y sé lo que realmente desees. Lo demás está de más y por suerte todavía no podemos avanzarnos al futuro para saber que nos sucederá. Es aquí cuando nos convertimos en la frase “es más feliz el que no sabe”, vive sin querer saberlo todo antes de tiempo y tu vida será plenamente capaz de ofrecerte lo que mejor mereces.

Deseo que estas palabras ayuden a todos.

Os encontréis en la situación en la que os encontréis, recordad “EL AMOR LO CURA TODO”. Permítele entrar, no le cierres las puertas.

Un abrazo a todos.