ES EL PROBLEMA NO RESUELTO, NO LA COMIDA EN SÍ

Ella. La que se iba a dormir pensando en un mañana mejor. En que mejor mañana empezaba a dar los pasos adecuados para alcanzar el objetivo deseado desde hacía tanto tiempo.

El día siguiente amaneció de nuevo. Ella se levantó con la cara de siempre y su actitud fatalista impregnada de un toque más positivo. La pereza y la desgana por salir de su zona de confort le devolvían el mal humor rutinario. Se preguntaba ¿porqué no podía ser todo más fácil? Desear y que todo deseo se hiciera realidad sin más y los cambios se dieran como por arte de magia, como en los cuentos de hadas que solía leer de pequeña.

Ella, obcecada en que le sobraban 5 kilos. Quizás 5 kilos de grasa, quizás de pensamientos negativos y destructivos, quizás de problemas cargados a su espalda.

Estoy harta de estar harta y cansada, de cometer siempre los mismos errores, de que mi vida sea la misma de siempre, de ser sin ser y de actuar sin quererlo.

Mañana tengo, mañana debo, mañana lo hago, mañana seguro, mañana…

Cada día se convertía en un clon del anterior. Levantarse, desayunar su zumo verde con el que estaba más que satisfecha, trabajar, comer mal y abundante, llegar a casa, aburrirse de nuevo con los quehaceres diarios y terminar la noche con una copiosa cena que la dejaba exhausta y triste porque de nuevo había cometido el mismo error. Levantarse y volver a repetir los mismos pasos de un ayer desafortunado.

Sí! Aquel era el único objetivo con el que se acostaba cada noche y quería alcanzarlo a toda costa. Empezar a comer bien y adelgazar, aunque jamás se preguntó si ese objetivo era suyo o interpuesto por otros.

Se sentía dolida. Leía miles de artículos de salud, se apuntaba a retos, se impregnaba de las ganas y triunfos que su imaginación le regalaba cada noche en sus sueños. Ella aun viéndose capaz de hacerlo si apostaba fuerte, volvía a caer en las garras de la noche oscura y solitaria del no poder por no querer fervientemente aquello que creía anhelar.

No era consciente que el fracaso en su alimentación no era el problema porque adelgazar no era su propio objetivo. El problema era otro. Este otro que no le dejaba avanzar y hacía que se reconfortara con la comida al llegar a casa. No era capaz de entender que si ese problema seguía estando, jamás podría conseguir su objetivo porque el mismo dolor seguiría apretando su pecho y la comida seguiría siendo su dulce consuelo sin solución.

Un día decidió preguntarse ¿qué pasa? Sacó en conclusión que el único problema era el que tenía con él y todavía no había solventado. Le dolía, le apretaban las ganas de llorar y no lo hacía, necesitaba hablar y no se daba la oportunidad, necesitaba hacerse valer y no se atrevía, quería romper con ciertos aspectos de su vida pero no se sentía capaz de dar el paso por romper definitivamente con ello, para poder olvidar y empezar un mañana limpio de pasado doloroso.

Él. El problema y la causa. Su trabajo, su pareja, su madre, sus amigos y ella misma.

Por fin entendió que a veces hay que masticar el dolor y sacarlo a relucir. Buscar solución a los pensamientos que le hacían enloquecer, iniciados por algún motivo y en algún momento, porque todo es real en nuestro mundo. Por fin entendió que para ser libre hay que solucionar los problemas de base que te acompañan durante el camino. Mirarlos a la cara, prestarles atención y ofrecerles solución. Los mil nudos de esa cuerda que al deshacerlos tanta calma nos da. A veces para seguir hacia adelante, hace falta volver hacia atrás y liberarse.

Entendió que el peso que le sobraba era el peso de su pasado. Decidió dejar su trabajo por muchos motivos, establecer una conversación pura y relajada con su pareja para dar a conocer lo que quería y lo que sentía, lo que le disgustaba y el porqué no podía seguir avanzando junto a él. Decidió hablar con su madre y comentarle qué opinaba sobre de su relación abusiva. Decidió hablar con sus amigos y empezar a ser clara, pronunciar sus decisiones sin dejarse llevar por la de otros y olvidar a personas que ya no llenaban sus días.

Hablar, expresarse en voz alta, hacerse valer, hacerse querer, decidir sus objetivos propios…

De repente indagó tanto en su interior y se deshizo de tantas cosas que restaban perennes en su memoria y que inconscientemente le regalaban malestar e insensatez a su persona. Todo ello le permitió que el camino a su objetivo, el de alimentarse correctamente sin abusar y no el de adelgazar en sí mismo, ahora simplemente sucedió sin más, sin obligación, sin desgana.

A veces sorprende lo que puede costar cambiar la relación que cada uno tiene con la comida. ¿Sabes? Date cuenta que el 70% de no lograr alimentarte bien, no procede de tener un enganche con la comida, sino de no dar solución a los problemas lo más pronto posible. La comida sólo la usas para evadirte de la pura realidad durante un rato.

Mira en tu interior, pregúntate, cuestiónate y da los pasos necesarios para clarificar aquellas dudas que tengas o situaciones que no te dejan avanzar. Habla con los demás. Explica tus problemas, no te guardes nada, porque el que mucho guarda un día explota. Y ese es un explotar poco agradable que puede dar lugar a situaciones poco aventajadas para uno mismo.

La vida es sencilla, me dijeron una vez, pero hay que ser aventurero en tu propio camino. Decir siempre lo que piensas es un gran paso. Si no hablas, no te pueden entender y suponer es un grave error que cometemos muchas veces.

Soluciona mal entendidos, pregunta lo que no entiendas o desconozcas. ¡Atrévete a vivir como debes vivir! Libera tus angustias, dudas, recelos y también libérate de aquellas cosas que ya no necesites y de las personas que ya no tengan lugar en tu camino de vida. Nada ni nadie es para siempre.

Eres fuerte, eres capaz, eres humano, eres tan grande como quieras ser. Tú eres el diseñador de tu propia vida.

¡Adelante!

Gracias, gracias, gracias.

 

 

Foto: google images